Me levanté de la mesa a abrazarlo. Con su voz en mi oreja: Ya va a llegar el día, me dijo.Y me sentí como conectada con nuestros corazones estrechados, cobijados, plenos. Un minuto fue mucho para sentir miedo y desplegarme de ese abrazo, alejándome con mis ojos vidriosos, mi mirada baja para esconder la emoción que sentí. Tardé en responder su otra pregunta que ni le fue relevante dándome oportunidad para seguir sintiendo esto que siento.